Mural de Huitaca, la divinidad rebelde
Huitaca, la Diosa Caída
El movimiento Bachué: raíces indígenas del modernismo colombiano
Tras la Revolución mexicana y la Primera Guerra Mundial, la cultura artística en Hispanoamérica se orientó hacia tendencias nacionalistas, impresionistas y surrealistas. Un espíritu indígena y centrado en la tierra se convirtió en el nuevo eje del nacionalismo cultural y en una vía hacia el modernismo en el arte de la región. En Colombia, esta corriente tomó forma como el movimiento Bachué.
Sus orígenes temáticos se encuentran en París, donde los artistas colombianos Luis Alberto Acuña y Rómulo Rozo fueron interpelados por Pablo Picasso. Él elogió la técnica de Acuña, pero criticó la ausencia de una voz auténticamente andina, instándolo a inspirarse en los grandes artistas indígenas del pasado. Esta crítica los llevó a estudiar la escultura de San Agustín y las artes tolteca, azteca y maya en el Musée de l’Homme, en el Trocadéro.
Tras cinco años de estudios en el extranjero, regresaron a Colombia decididos a recuperar tradiciones vernáculas, indígenas y plenamente locales. El movimiento tomó su nombre de la diosa Bachué —madre mítica de la humanidad en la cosmología muisca— gracias al escritor Jaime Barrera Parra, quien lo utilizó en un editorial de la década de 1920 inspirado en la escultura Bachué, realizada por Rozo en 1926 y posteriormente exhibida en el pabellón de Colombia en la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929.
Durante unas dos décadas, el movimiento Bachué estuvo representado en la pintura por Luis Alberto Acuña, Pedro Nel Gómez, Ignacio Gómez Jaramillo, Jorge Elías Triana y Alipio Jaramillo, entre otros; en la escultura por Rómulo Rozo, Rodrigo Arenas Betancourt, José Domingo Rodríguez y Julio Abril; en la música por Guillermo Uribe Holguín y José Rozo Contreras; y en la literatura por J. A. Osorio Lizarazo, con novelas como El pantano y La cosecha.
Contemporáneos de los bachuistas fueron los academicistas, que defendían los ideales clásicos europeos y las estéticas universalistas. Artistas como Andrés de Santa María y Epifanio Garay preferían paisajes y retratos impregnados de modas y convenciones europeas, rechazando la búsqueda de un nacionalismo arraigado en los orígenes indígenas.
El movimiento Bachué perdió fuerza en la década de 1950 con la creciente influencia del modernismo internacional y las estéticas universalistas. No obstante, su fundador Luis Alberto Acuña continuó su lucha personal por defender y desarrollar la visión original del movimiento.
Sus orígenes temáticos se encuentran en París, donde los artistas colombianos Luis Alberto Acuña y Rómulo Rozo fueron interpelados por Pablo Picasso. Él elogió la técnica de Acuña, pero criticó la ausencia de una voz auténticamente andina, instándolo a inspirarse en los grandes artistas indígenas del pasado. Esta crítica los llevó a estudiar la escultura de San Agustín y las artes tolteca, azteca y maya en el Musée de l’Homme, en el Trocadéro.
Tras cinco años de estudios en el extranjero, regresaron a Colombia decididos a recuperar tradiciones vernáculas, indígenas y plenamente locales. El movimiento tomó su nombre de la diosa Bachué —madre mítica de la humanidad en la cosmología muisca— gracias al escritor Jaime Barrera Parra, quien lo utilizó en un editorial de la década de 1920 inspirado en la escultura Bachué, realizada por Rozo en 1926 y posteriormente exhibida en el pabellón de Colombia en la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929.
Durante unas dos décadas, el movimiento Bachué estuvo representado en la pintura por Luis Alberto Acuña, Pedro Nel Gómez, Ignacio Gómez Jaramillo, Jorge Elías Triana y Alipio Jaramillo, entre otros; en la escultura por Rómulo Rozo, Rodrigo Arenas Betancourt, José Domingo Rodríguez y Julio Abril; en la música por Guillermo Uribe Holguín y José Rozo Contreras; y en la literatura por J. A. Osorio Lizarazo, con novelas como El pantano y La cosecha.
Contemporáneos de los bachuistas fueron los academicistas, que defendían los ideales clásicos europeos y las estéticas universalistas. Artistas como Andrés de Santa María y Epifanio Garay preferían paisajes y retratos impregnados de modas y convenciones europeas, rechazando la búsqueda de un nacionalismo arraigado en los orígenes indígenas.
El movimiento Bachué perdió fuerza en la década de 1950 con la creciente influencia del modernismo internacional y las estéticas universalistas. No obstante, su fundador Luis Alberto Acuña continuó su lucha personal por defender y desarrollar la visión original del movimiento.
Chiminigagua y el origen de los chibchas
Chiminigagua libera la luz
Bochica enseñando a los muiscas
Bochica enseñando a los muiscas
Pintor de cueva
Cave Painter
Museum Courtyard
Patio de los mitos y los orígenes
Caza prehistórica
Escena indoamericana
Descendimiento de la Cruz
The Witch of Zascandil
The Dog Men
A Dangerous Whisper
Choir of Novices
Mapiripana
Idacansas en Sugamuxi
Idacansas, Guardian of Tradition
Model for the Founding of Villa de Leyva
Model for the Founding of Villa de Leyva
Nencatacoa, dios de los sueños
Autorretrato
Luis Alberto Acuña en Casa Museo
Fresco de techo con grotescos y figuras míticas
Emergence of Life
Don Quijote y Sancho Panza
Friso decorativo de techo
Pantano de Saquencipá, Período Cretácico
Bochica y aborigen con niño
Chibchacum sosteniendo la Tierra
Escena de jardín colonial
Fruit Harvest
Corridor with Sculptures and Mural
Colonial Musicians
Dining Room with Mythological Ceiling
Aborigine with Child
Museo Luis Alberto Acuña
El Museo Luis Alberto Acuña, en Villa de Leyva, ocupa una casa colonial con patio, convertida en un cosmos personal por el pintor y escultor Luis Alberto Acuña (1904–93). Figura clave del movimiento Bachué en la Colombia de los años treinta, Acuña se apoyó en relatos de creación muiscas y arquetipos andinos para desafiar el gusto académico importado y defender una identidad moderna arraigada en la memoria indígena. Murales, dibujos y figuras de piedra de Bochica, Huitaca y Chiminigagua hacen que el museo se sienta menos como una galería que como un manifiesto en color y mito tallado.
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