Escala de tiempo geológico: eones, eras y períodos de un vistazo
Una vista simplificada de los principales eones, eras y períodos de la Tierra muestra cómo la vida y los entornos evolucionaron a lo largo de inmensas extensiones de tiempo. La tabla siguiente enumera las principales divisiones y sus edades aproximadas en millones de años.
Eón Era Período Edad aprox. (hace millones de años)
---------------------------------------------------------------------------
Fanerozoico Cenozoico Holoceno 0,01
Fanerozoico Cenozoico Pleistoceno 2,6
Fanerozoico Cenozoico Plioceno 5,3
Fanerozoico Mesozoico Cretácico 145
Fanerozoico Mesozoico Jurásico 201
Fanerozoico Mesozoico Triásico 252
Fanerozoico Paleozoico Pérmico 299
Fanerozoico Paleozoico Carbonífero 359
Fanerozoico Paleozoico Devónico 419
Proterozoico Proterozoico Neoproterozoico 1000
Proterozoico Proterozoico Mesoproterozoico 1600
Arcaico Arcaico Arcaico 2800
Hádico Hádico Hádico 4000
Eón Era Período Edad aprox. (hace millones de años)
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Fanerozoico Cenozoico Holoceno 0,01
Fanerozoico Cenozoico Pleistoceno 2,6
Fanerozoico Cenozoico Plioceno 5,3
Fanerozoico Mesozoico Cretácico 145
Fanerozoico Mesozoico Jurásico 201
Fanerozoico Mesozoico Triásico 252
Fanerozoico Paleozoico Pérmico 299
Fanerozoico Paleozoico Carbonífero 359
Fanerozoico Paleozoico Devónico 419
Proterozoico Proterozoico Neoproterozoico 1000
Proterozoico Proterozoico Mesoproterozoico 1600
Arcaico Arcaico Arcaico 2800
Hádico Hádico Hádico 4000
Qué fue Monquirasaurus: un reptil marino del Mesozoico
Monquirasaurus fue un pliosaurio, un reptil marino extinto que vivió durante la era Mesozoica. Los reptiles marinos formaban una rama muy especializada de la familia de los reptiles. Los reptiles modernos incluyen tortugas, cocodrilos, lagartos, serpientes y aves, e incluso los dinosaurios se clasificaban como reptiles. Los científicos aún debaten a qué grupo moderno se parece más Monquirasaurus, aunque probablemente esté más emparentado con los lagartos y las serpientes que con las tortugas, los cocodrilos o las aves. Como todos los reptiles, respiraba aire con pulmones, así que, incluso viviendo en el océano, necesitaba salir regularmente a la superficie, de forma similar a las ballenas y los delfines actuales.
Los primeros pueblos de Sudamérica y la región de Monquirá
Los primeros seres humanos llegaron a la meseta cundiboyacense hace unos 13.000 años, probablemente migrando hacia el sur desde Norteamérica por rutas terrestres. Otra teoría propone una llegada aún más temprana por mar, entrando al continente por su extremo sur, cerca de la actual Argentina. Estos primeros grupos vivían como cazadores-recolectores, dependiendo de la pesca, la recolección de frutos y raíces, y la caza de venados con herramientas hechas de piedra y hueso.
Con el tiempo, adoptaron la agricultura y comenzaron a formar asentamientos más grandes y organizados. Durante este largo proceso de desplazamiento y adaptación, estos primeros pueblos se convirtieron en los primeros seres humanos en poner pie en la región hoy conocida como Monquirá, la tierra que rodea la actual Villa de Leyva.
Con el tiempo, adoptaron la agricultura y comenzaron a formar asentamientos más grandes y organizados. Durante este largo proceso de desplazamiento y adaptación, estos primeros pueblos se convirtieron en los primeros seres humanos en poner pie en la región hoy conocida como Monquirá, la tierra que rodea la actual Villa de Leyva.
Viaje al tiempo profundo: el breve momento humano en la Tierra
La historia de la Tierra se remonta a 4.600 millones de años, un lapso casi inimaginable en comparación con los aproximadamente 300.000 años que los seres humanos hemos existido. Incluso si se traduce en vidas humanas de 70 a 100 años, nuestra presencia es solo un tenue instante al final del reloj geológico. La escala de tiempo geológico, a menudo representada como una espiral, captura esta vasta historia: desde la explosión cámbrica de vida hasta la era de los dinosaurios y los cambios climáticos del Cenozoico, cada era forma una capa en la larga transformación de la Tierra. Nuestra especie aparece solo en la punta exterior de esta espiral, en la franja más reciente del tiempo planetario.
Villa de Leyva, antaño cubierta por un mar prehistórico, conserva las huellas de este mundo antiguo en su geología circundante. Los fósiles de la región nos recuerdan cuán profundamente ha cambiado la Tierra y lo breve que es la existencia humana cuando se la compara con millones de años de evolución y entornos cambiantes.
Villa de Leyva, antaño cubierta por un mar prehistórico, conserva las huellas de este mundo antiguo en su geología circundante. Los fósiles de la región nos recuerdan cuán profundamente ha cambiado la Tierra y lo breve que es la existencia humana cuando se la compara con millones de años de evolución y entornos cambiantes.
Anatomía de Monquirasaurus, un antiguo megapredador
Monquirasaurus tenía un cuerpo aerodinámico e hidrodinámico, ideal para una natación rápida y poderosa. Sus extremidades estaban aplanadas en aletas en forma de paleta, similares a las de las tortugas marinas y los mamíferos marinos, lo que le permitía moverse con agilidad por el agua. Su rasgo más llamativo era su enorme cabeza de 2,7 metros. Sus largas mandíbulas portaban enormes dientes puntiagudos diseñados para perforar y sujetar presas grandes; algunos eran casi tan largos como el antebrazo de un ser humano. Combinados con su tamaño y fuerza, estos rasgos hicieron de Monquirasaurus uno de los depredadores dominantes de su antiguo mundo marino.
Por qué los nombres científicos parecen tan complejos
Los nombres científicos, como Monquirasaurus, usan raíces latinas o griegas para que cada especie tenga un nombre único y reconocido universalmente. Estos nombres siempre contienen dos partes: el género (Monquirasaurus) y la especie (Monquirasaurus boyacensis), esta última indicando dónde fue encontrada. Su clasificación científica completa es:
• Reino: Animalia – animales
• Filo: Chordata – animales con columna vertebral
• Clase: Reptilia – reptiles
• Orden: Plesiosauria – reptiles marinos extintos
• Familia: Pliosauridae – pliosaurios
• Género: Monquirasaurus – “reptil de la vereda Moniquirá”
• Especie: Monquirasaurus boyacensis – descubierto en Boyacá
• Reino: Animalia – animales
• Filo: Chordata – animales con columna vertebral
• Clase: Reptilia – reptiles
• Orden: Plesiosauria – reptiles marinos extintos
• Familia: Pliosauridae – pliosaurios
• Género: Monquirasaurus – “reptil de la vereda Moniquirá”
• Especie: Monquirasaurus boyacensis – descubierto en Boyacá

Dentro de un ammonite
Renombrar a Monquirasaurus: una nueva identidad para El Fósil
Cuando este fósil fue descubierto por primera vez, se conoció simplemente como El Fósil y fue clasificado como Kronosaurus boyacensis, ya que se parecía al pliosaurio australiano Kronosaurus. Durante la ampliación de 2019 del Museo El Fósil, el Museo, el Servicio Geológico Colombiano y la Universidad de los Andes emprendieron nuevos esfuerzos de conservación e investigación. Sus estudios revelaron que el espécimen pertenecía a un animal completamente diferente. Su nombre científico actualizado, Monquirasaurus boyacensis, refleja tanto su identidad única como reptil marino completamente colombiano como también honra a la comunidad donde fue hallado: la vereda Monquirá, en Boyacá.
El mar de Paja: un cálido mundo cretácico bajo las olas
Hace más de 115 millones de años, durante el Cretácico temprano, la región de Monquirá se encontraba bajo un cuerpo de agua cálido y poco profundo conocido como el mar de Paja, que pudo haber alcanzado hasta 200 metros de profundidad. Este entorno marino albergaba una rica variedad de vida, incluidos reptiles marinos y ammonites. Cuando estos organismos morían, algunos de sus restos se depositaban en el lecho marino y se preservaban como fósiles, ofreciendo una ventana a este antiguo mundo submarino.
Aunque la mayoría de los fósiles del área provienen de especies marinas del mar de Paja, otros incluyen plantas terrestres e incluso fragmentos de un dinosaurio de las tierras cercanas. Estos descubrimientos revelan lo interconectados que estaban los ecosistemas terrestres y marinos durante el Cretácico, y cómo ambos contribuyeron al registro fósil de la región.
Aunque la mayoría de los fósiles del área provienen de especies marinas del mar de Paja, otros incluyen plantas terrestres e incluso fragmentos de un dinosaurio de las tierras cercanas. Estos descubrimientos revelan lo interconectados que estaban los ecosistemas terrestres y marinos durante el Cretácico, y cómo ambos contribuyeron al registro fósil de la región.

Amonites y tiempo geológico
Del fondo marino a la roca: cómo se forman los fósiles
La fosilización es el largo proceso natural mediante el cual los restos de organismos vivos se conservan en la roca. Comienza en entornos acuáticos, donde el cuerpo de un animal se deposita en el fondo marino y queda rápidamente cubierto por sedimentos blandos. A medida que los tejidos blandos se descomponen, solo las partes duras —huesos, conchas o dientes— permanecen, quedando enterradas poco a poco bajo nuevas capas de sedimento.
A lo largo de millones de años, los minerales penetran en estas estructuras duras, sustituyendo su material orgánico y transformándolas en piedra. A medida que los sedimentos que las rodean se endurecen y se convierten en roca, el fósil queda sellado en su interior. Con el tiempo, la erosión causada por el viento, la lluvia y el paso de los años desgasta las capas superiores, sacando el fósil de nuevo a la superficie. Una vez expuesto, puede ser identificado y cuidadosamente excavado, ofreciendo una rara ventana a la vida antigua.
A lo largo de millones de años, los minerales penetran en estas estructuras duras, sustituyendo su material orgánico y transformándolas en piedra. A medida que los sedimentos que las rodean se endurecen y se convierten en roca, el fósil queda sellado en su interior. Con el tiempo, la erosión causada por el viento, la lluvia y el paso de los años desgasta las capas superiores, sacando el fósil de nuevo a la superficie. Una vez expuesto, puede ser identificado y cuidadosamente excavado, ofreciendo una rara ventana a la vida antigua.
Villa de Leyva
Villa de Leyva (fundada en 1572) suele imaginarse como una cápsula del tiempo de las tierras altas de Colombia, donde los muros encalados y una vasta plaza de piedra ralentizan el día hasta un ritmo colonial, medido. Enclavada en los paisajes secos y abiertos de Boyacá, al llegar se siente a la vez serena y ligeramente de otro mundo, con una claridad de luz que afila fachadas, portales y la silenciosa geometría de sus calles. Pero la identidad del pueblo no es solo arquitectónica: las colinas que lo rodean guardan una historia mucho más antigua, y la vida local ha aprendido a leer la tierra con el mismo cuidado que el pasado construido. Esa sensación de tiempo estratificado —el orden de la era española arriba, la geología profunda abajo— le da a Villa de Leyva una calma distintiva, como si la historia aquí fuera algo que se puede sentir bajo los pies tanto como ver.
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