
Arcadas góticas, Hôtel-Dieu (Beaune)

Arcángel Miguel pesando las almas

Arcángel Miguel pesando las almas

Archangel Michael

The Damned in Torment

Christ the Judge

Estudiantes en el patio del Hôtel-Dieu

Max with Marie and Valerie at a Beaune Cellar

Courtyard of the Hôtel-Dieu

Los bienaventurados conducidos al cielo

Retrato de Nicolas Rolin

Luis en el patio del Hôtel-Dieu (Beaune)

Ménsula de dragón, Gran Salón

Guigone de Salins

El pesaje de las almas

Ceremonia de boda

Ángel con escudo de armas del donante

San Eligio curando al caballo

The Damned Cast into Hell

Grotesque and Lion Corbels

The Virgin with Apostles Peter and John

Luis in the Great Hall of the Hôtel-Dieu

Christ at Rest

Carved Figures in the Great Hall

Patron Inscription of the Sculle Family

Spire and Roofs of the Hôtel-Dieu
Beaune
Borgoña, en el corazón de Francia, es una región tranquila de viñedos ondulantes, pueblos medievales y calles adoquinadas, donde la luz suave se posa sobre las colinas verdes. Antaño fue un poderoso ducado dentro del Sacro Imperio Romano, que alcanzó su apogeo bajo los duques Valois en los siglos XIV y XV, gobernando territorios que se extendían hasta las actuales Bélgica, Luxemburgo y Países Bajos. Tras la muerte de Carlos el Temerario en 1477, Borgoña fue anexionada por la Corona francesa, pero su identidad singular pervive en la arquitectura gótica y en ricas tradiciones artísticas.
Hoy, Borgoña está plenamente integrada en Francia, sin autonomía especial, aunque aporta mucho a la cultura nacional y participa en la vida democrática. Su economía se basa en la viticultura, con célebres vinos de Pinot Noir y Chardonnay, junto a cereales, hortalizas y quesos como el Époisses. Sus habitantes son conocidos por su calidez y discreta sofisticación; el francés es la lengua principal, con un dialecto borgoñón aún presente. La herencia católica, los festivales animados y platos emblemáticos como el boeuf bourguignon y los escargots de Bourgogne reflejan un profundo vínculo con la tierra y la historia.
Hoy, Borgoña está plenamente integrada en Francia, sin autonomía especial, aunque aporta mucho a la cultura nacional y participa en la vida democrática. Su economía se basa en la viticultura, con célebres vinos de Pinot Noir y Chardonnay, junto a cereales, hortalizas y quesos como el Époisses. Sus habitantes son conocidos por su calidez y discreta sofisticación; el francés es la lengua principal, con un dialecto borgoñón aún presente. La herencia católica, los festivales animados y platos emblemáticos como el boeuf bourguignon y los escargots de Bourgogne reflejan un profundo vínculo con la tierra y la historia.
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