Sitges
Sitges (originalmente un pueblo medieval de pescadores) suele verse en Cataluña como una localidad costera pulida, con un temperamento inusualmente abierto y artístico. Al llegar desde Barcelona, el ánimo cambia rápido: fachadas blancas, callejuelas estrechas y un luminoso paseo marítimo preparan un escenario sereno para una vida callejera más social que ostentosa, con el Mediterráneo lo bastante cerca como para marcar la luz y el ritmo. A finales del siglo XIX y comienzos del XX se convirtió en un refugio modernista, un legado que aún se percibe en torno a Cau Ferrat y en un calendario cultural que mantiene al pueblo mirando hacia fuera. Hoy el turismo sostiene la vida cotidiana, aportando energía junto con la presión estacional y una negociación constante entre las rutinas locales y la demanda de los visitantes.